Tres formas de reducir el impacto ambiental de la industria agrícola

La firma norteamericana de maquinaria agrícola John Deere ha puesto en marcha su primer Día de la Sostenibilidad. Un evento interesante, pues reunió a agricultores, empresarios y expertos sobre cómo la industria de la maquinaria agrícola puede contribuir a encontrar el equilibrio entre economía y ecología, con especial hincapié a las soluciones digitales que ayudan a reducir el impacto medioambiental y a mejorar los rendimientos con un menor uso de fertilizantes minerales, productos agroquímicos y combustible.

Quizá a priori no parezca que haya demasiada relación entre maquinaria agrícola y sostenibilidad, pero lo cierto es que sí y te lo demostramos en este artículo. «La agricultura de precisión permite a los agricultores combinar un trabajo de campo eficiente con la protección del medio ambiente y la naturaleza. Utilizando estas tecnologías, para 2030 las emisiones de CO2 pueden reducirse drásticamente hasta un once por ciento», expresó el profesor Peter Pickel.

En la jornada propuesta por Deere se identificaron tres áreas que tenían un impacto concreto en la sostenibilidad de la agricultura:

  • Protección del suelo con conceptos de diseño modernos.
  • Fertilización orgánica.
  • Protección de cultivos.

 

Protección del suelo con conceptos de diseño modernos

Es importante que la maquinaria que se utilice tenga una mayor huella para evitar una compactación perjudicial del terreno. Así se garantiza una mayor fertilidad del suelo. Pero no solo eso, también evita disminuir tanto su porosidad pudiendo almacenar más nutrientes y agua.

Pongamos un ejemplo concreto. Es cierto que cada vez son más pesados los tractores, pero gracias a contar con neumáticos más grandes y a la posibilidad de trabajar con presiones de inflado bajas la compactación del suelo ha disminuido. ¿Sabías que un tractor moderno de veintidós toneladas solo ejerce una presión de 0,6 kilogramos por centímetro cuadrado sobre el suelo? Si lo comparamos con un tractor antiguo de tres toneladas y setenta y cinco caballos puede llegar a aplicar una presión de kilo y medio por centímetro cuadrado.

Contar con una huella mayor también hace que la profundidad de las orugas sea menor, reduciendo la compactación de las capas más profundas del suelo, así como su resistencia al rodamiento. Esto significa un ahorro en el consumo de combustible y, por lo tanto, menos emisiones de dióxido de carbono. Uniendo conceptos, este tipo de maquinaria puede contribuir a la lucha contra el cambio climático.

 

«La agricultura de precisión permite a los agricultores combinar un trabajo de campo eficiente con la protección del medio ambiente y la naturaleza. Utilizando estas tecnologías, para 2030 las emisiones de CO2 pueden reducirse hasta un once por ciento»

 

Fertilización orgánica

Respecto a la fertilización de las tierras de cultivo, estamos ante un tema que suele generar cierto conflicto. En este sentido, el estiércol es conocido como un valioso fertilizante orgánico, pero este solo funciona si se usa correctamente. Es decir, el agricultor debe controlar no solo la demanda de nutrientes del cultivo, sino el contenido de nutrientes que contenta el estiércol.

En la actualidad se puede medir con bastante precisión tras tomar muestras tanto del suelo como de las plantas. Así se pueden crear mapas de aplicación para facilitar la dosificación concreta de fertilizante en cada lugar. ¿Qué se consigue con esto? Se previene la sobrefertilización y la infrafertilización. Esto evita la contaminación de agua y aire, así como la reducción de fertilizantes minerales. Por otro lado, la producción de fertilizantes utiliza mucha energía y genera mucho dióxido de carbono, por lo que así podemos ser más sostenibles.

 

Protección de cultivos

Finalmente, se abordó la protección de los cultivos evitando los solapamientos y las sobredosis de productos agroquímicos. Hay una tendencia creciente hacia tratamientos específicos para cada lugar o incluso para cada planta, en lugar de pulverizar uniformemente campos completos.

Estas aplicaciones específicas del lugar dividen los campos en zonas que pueden ser tratadas de forma diferente. Para esto podemos recurrir a drones o incluso a imágenes por satélite que pueden medir la densidad de los cultivos y la presión de la enfermedad con la idea de aplicar solo los fungicidas necesarios en áreas concretas. Con este enfoque se pueden ahorrar costes de forma considerable, dependiendo de las variaciones del cultivo y del campo.

Por último, existen tecnologías de cámaras de alta velocidad que junto a la inteligencia artificial ayudan a capturar las poblaciones de cultivos. Así se pueden identificar las malas hierbas y aplicar herbicidas en lugares específicos. Es cierto que no pueden contribuir por sí solas a la neutralidad climática absoluta, pero sí pueden reducir los costes de los fertilizantes, productos agroquímicos y combustibles, y a minimizar significativamente la huella de carbono de la agricultura.

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