Minería e impactos ambientales al agua: hidrología

¿Cuánto sabes sobre minería? Es posible que al nombrarte el término minería se te venga a la cabeza la cara tiznada de un minero sujetando un pico y una pala. Sin embargo, es mucho más que eso. Hablamos de una actividad muy singular debido principalmente a tres factores clave. En Congeo queremos hablarte en este artículo sobre la minería y cuáles son sus posibles impactos ambientales sobre el agua (hidrología). ¿Nos acompañas?

Según el informe Minería ambiental: una introducción a los impactos y su remediación, dirigido por Roberto Oyarzun, Pablo Higueras y Javier Lillo, existen tres razones principales por las que la minería es una actividad industrial muy singular.

  1. Valor localizado de los yacimientos minerales. Con esto nos referimos a que un yacimiento solo puede ser explotado en el lugar en el que se encuentra. Algo que a simple vista parece una obviedad, pero que no se debe olvidar. ¿Por qué se explotaba mercurio en Almadén (España) o cobre y molibdeno en Chuquicamata (Chile)? La respuesta es simple: porque es en esos lugares donde se encontraba una mayor concentración de estos minerales para hacer rentable su explotación.
  2. Temporalidad de las explotaciones. La explotación de un yacimiento no es infinita. Este se explota mientras disponga de reservas. Cuando no genere un beneficio económico que haga viable su explotación por falta de recursos minerales, el tiempo de explotación finaliza. Esto puede deberse a que la calidad del mineral disminuya, por disminución de la demanda del mismo en el mercado o simplemente por agotamiento de las reservas.
  3. Residuos de la actividad minera. Debemos tener claro que si bien la minería genera un sinfín de beneficios económicos, también se generan muchos residuos. Para que nos hagamos una idea, si queremos explotar cobre en un yacimiento con la ley del uno por ciento, de una tonelada de roca mineralizada solo se extraerán diez kilogramos útiles del mineral, lo que significa que novecientos noventa kilos serán residuos.

Estos tres factores hacen que haya algunos problemas relacionados. Desde los altos costes de explotación que han de soportar las empresas hasta contar con masas de mineral económicas a las que no se puede acceder por cuestiones geopolíticas o ambientales, pasando por buscar una forma de reducir la gran cantidad de residuos mineros generados.

Hay que tener en cuenta que la minería es una de las actividades humanas con mayor potencial para afectar a la naturaleza. Aunque hay otras actividades como la agricultura o la construcción de ciudades que han generado mayor impacto, sobre todo en cuanto a superficie afectada y a pérdida de biodiversidad. Dos casos muy concretos son la transformación de la selva tropical en Indonesia para la plantación de palma (aceite) o soja en Brasil en las regiones amazónicas.

 

«La minería es una de las actividades humanas con mayor potencial para afectar a la naturaleza»

 

Impactos de la minería en el agua en su aspecto hidrológico

En este artículo queremos centrar los impactos de la actividad extractiva en el agua, concretamente en su aspecto hidrológico. Para ello debemos partir de una premisa fundamental, que es considerar las aguas superficiales y subterráneas como un único recurso. Esto debe ser así, ya que una afección negativa sobre cualquiera de estas acabará indefectiblemente generando a su vez unos efectos negativos sobre las otras (Winter et al., 1998).

La minería puede provocar una serie de impactos en las condiciones físicas de las aguas. Estos van desde los descensos de niveles o desvíos de cauces hasta otros menos evidentes como la alteración en la tasa de entrada de agua en el acuífero (recarga) o la variación en la facilidad con la que el agua fluye a través del acuífero (lo que se conoce como conductividad hidráulica).

El balance inicial puede ser modificado como consecuencia de:

  • Construcción de barreras.
  • Alteración de perfiles y niveles de base en cursos fluviales.
  • Formación de conductos y huecos.
  • Variación en el propio volumen (reservas) de agua.

Esas alteraciones de las condiciones hidráulicas pueden derivar en efectos ambientales secundarios de gran importancia. Por ejemplo, la alteración de los cursos fluviales pueden modificar el perfil original y la modificación de los niveles de base locales, alterándose de esta manera el balance entre la tasa de erosión y las tasas de sedimentación aguas abajo y aguas arriba de donde se ha producido la alteración del curso.

Hablamos de los embalsamientos relacionados con la construcción de presas o la instalación de balsas, que dan lugar a nuevas zonas de sedimentación. Cuando se alcanza la colmatación de materiales, estos podrán ser erosionados y removilizados de nuevo por acción de la escorrentía, que inevitablemente tenderá a concentrarse en cursos de agua, generando formas canalizadas, abarrancamientos y cárcavas si no se realiza una labor adecuada de conservación.

Otro caso es la compactación derivada del movimiento de maquinaria pesada en superficie supone una pérdida de la capacidad de infiltración del suelo, y con ello una disminución neta en el agua que llega al acuífero (recarga). A su vez, puede aumentar el agua que va por la superficie del terreno, generando un aumento de caudal en los cursos de agua superficiales y un incremento de energía y de su capacidad de arranque y transporte.

Los ascensos del nivel de agua pueden elevar la cota de nivel freático en el entorno de la balsa, generando una condición de inestabilidad desde el punto de vista geotécnico. Debemos estar atentos a cualquier caída o desplazamiento de material en masa en la ladera puede tener unas consecuencias desastrosas, sobre todo si afecta a la propia balsa, pudiendo causar el desbordamiento de esta o incluso la rotura del dique o presa.

La demanda y consumo de agua para las actividades extractivas y la ocupación o  colmatación de zonas de masas de agua (cauces, lagunas y lagos, o incluso glaciares) conducen a una pérdida de reservas, y con ello a una pérdida del recurso.

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