Gestión de impactos ambientales en parques eólicos

España es el segundo país europeo –solo superado por Alemania– que más electricidad ha generado a partir de la energía eólica y solar en 2021. Son datos extraídos del informe Energías Renovables, publicado por REE. El sol y el viento produjeron en España más de 86 TWh el año pasado, un tercio de toda la producción a nivel nacional.

En el mix, la energía eólica es la primera fuente renovable en España, siendo la tecnología con mayor participación en la estructura de potencia instalada nacional, alrededor de un veinticinco por ciento. De forma más concreta, hay una potencia instalada de 28 336 MW, una capacidad que en 2021 se vio incrementada en un tres por ciento respecto a 2020.

España está llamada a liderar la transición ecológica y las inversiones en energías como la eólica no paran de llegar. Es indudable que un proyecto de un parque eólico tiene numerosas oportunidades y beneficios, pero también hay ciertas amenazas inducidas por estos, que deben ser estudiadas. Hablamos de los impactos paisajístico-ambientales que se generan sobre su entorno y los conflictos con los usos existentes o futuros. Por eso siempre es necesario contar con una empresa especializada en la gestión ambiental para el desarrollo de este tipo de proyectos.

Desde CONGEO queremos identificar y analizar los posibles impactos ambientales divididos en dos fases de un proyecto eólico, a saber: ejecución y explotación.

Así, en la fase de ejecución hay que identificar los siguientes aspectos:

  1. Emisiones atmosféricas. No es algo exclusivo de los parques eólicos y sí de todo proyecto de obra. Hay emisiones de partículas de humo y polvo, que hay que tener en cuenta, aunque son impactos leves.
  2. Impacto al medio hídrico. Puede haber incidencia sobre cauces fluviales tras el arrastre de materiales acumulados durante la fase de obras. En labores de limpieza o ante posibles derrames de sustancias nocivas pueden verse perjudicadas las aguas superficiales y subterráneas. Es necesario contar con medidas preventivas en la planificación y ejecución del proyecto.
  3. Erosión del suelo. Similar al apartado anterior. Los movimientos de tierra pueden dañar la estructura del suelo y la cobertura vegetal. Serían, en tal caso, impactos derivados de una mala planificación y gestión, que serán fácilmente paliados acatando las oportunas medidas preventivas como la revegetación de zonas que han quedado desnudas o que los accesos deben ir acompañados de dispositivos de drenaje y disipación de energía para evitar que las aguas superficiales adquieran mayor potencial erosivo.
  4. Impacto sobre la vegetación. La gravedad de impacto sobre la vegetación dependerá de la singularidad de las especies afectadas. Puede minimizarse con un estudio y conocimiento de la pluviometría, hidrología y orografía del terreno, ubicando los edificios, en lo posible, en zonas resguardadas del viento, evitando así la modificación del perfil natural del terreno y trazando transversalmente en pendientes las vías de acceso.
  5. Impacto sobre la Fauna. En la fase de construcción, el tránsito de maquinaria y las tareas de excavación, voladura, desbroce, afirmado, relleno, etc., pueden causar el desplazamiento y eliminación de la fauna previamente existente.

 

«Un parque eólico tiene numerosas oportunidades y beneficios, pero también hay ciertas amenazas inducidas por estos que deben ser estudiadas. Hablamos de los impactos paisajístico-ambientales que se generan sobre su entorno y los conflictos con los usos existentes o futuros»

 

Por su parte, en la fase de explotación se pueden identificar los siguientes impactos:

  1. Impacto paisajístico. La afección visual de un parque eólico se delimita a un rango de unos quince kilómetros. A los cinco la incidencia suele ser alta, a los diez es media y a los quince baja. Pese a ello, cabe recordar que la percepción paisajística se estima como una variable subjetiva. Pese a ello, un parque eólico suele ser muy visible en el paisaje, por lo que se deben tratar aspectos como la densidad, el diseño –materiales que lo componen y color– y el tamaño de aerogeneradores, la ubicación –por ejemplo, un área montañosa presenta mayor sensibilidad visual–, el diseño arquitectónico del parque y la velocidad de rotación.
  1. Efecto sombra. La sombra que proyectan las elevadas estructuras de una central eólico-eléctrica es motivo de afección para las poblaciones cercanas, ya que las palas del rotor cortan la luz solar de manera intermitente cuando éste se encuentra en movimiento, generando un parpadeo molesto conocido como shadow flicker, o sombra titilante. El efecto se suele atenuar manteniendo las tasas de rotación a un nivel menor a 50 r.p.m. en aerogeneradores de tres aspas.
  2. Reflexión solar. La incidencia de la luz solar sobre las aspas del rotor provoca destellos y reflejos. Su minimización pasará por seleccionar pinturas antirreflejos para los equipos eólicos y distancias superiores a diez veces el diámetro del rotor de los mismos.
  3. Ruido. El sonido producido por las turbinas de viento tiene un origen aerodinámico, producido por el flujo del viento sobre las aspas, y otro mecánico, debido a los motores y ventiladores de refrigeración. El diseño de los aerogeneradores debe ir encaminado a evitar vibraciones síncronas de los componentes, que se traducen en amplificaciones del ruido. Por ejemplo, el diseño del chasis de la góndola de un aerogenerador suele incluir hendiduras amortiguadoras de esta vibración.
  4. Riesgos (desprendimientos, caídas de rayos, incendios, derrames, etc). Los desprendimientos no son habituales. No obstante, actualmente existen medios tecnológicos que fuerzan al paro inmediato del aerogenerador en caso de producirse cualquier circunstancia indeseada (presencia de vientos excesivos, velocidad de rotación superior al máximo aceptable, exceso de vibraciones…). Respecto a los rayos, pese a estar en alto y no tener objetos al lado, la estructura metálica conectada a tierra que lo recubre hace que el aerogenerador está protegido contra descargas eléctricas. Pero un fallo en la instalación puede causar incendios. Además, hay que tener precaución con los aceites lubricantes necesarios para el mantenimiento de los aerogeneradores, que pueden ser vertidos accidentalmente al suelo provocando su contaminación.
  5. Impacto sobre la fauna. Las aves constituyen la fauna que más intensamente se ve afectada, tanto por la existencia y funcionamiento de los aerogeneradores como por los tendidos eléctricos anejos, ya que los mamíferos, reptiles y roedores pueden compartir el hábitat, sin grandes problemas aparentes, con los molinos.

La electrocución con las líneas eléctricas de transporte de la energía producida también es importante. La señalización de las líneas a través de marcadores de los cables, como las espirales salvapájaros, parecen mostrar efectividad. Otra medida disuasoria de su electrocución puede ser el uso de apoyos de hormigón, de menor conductividad que el metal.

Desde CONGEO apostamos por todo tipo de proyectos e iniciativas que tengan a las energías verdes como protagonistas. Sin embargo, no hay que olvidar que es necesario contar con un buen plan ambiental para la construcción, el desarrollo y la puesta en marcha de los mismos.

 

Imagen superior: Dan Meyers VouoK – Unsplash

 

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