El agua en la responsabilidad social empresarial

¿Cuántas veces has escuchado o leído sobre el concepto de responsabilidad social empresarial? Es muy posible que muchas, porque es un campo muy desarrollado y que en los últimos años se ha vuelto bastante popular. Además, el 25 de septiembre de 2015 los líderes mundiales se pusieron de acuerdo para adoptar una serie de objetivos para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos en lo que se ha llamado Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Cada vez son más las empresas que suman la sostenibilidad a sus activos económicos. Y en este sentido, el agua y su uso eficiente comienzan a tomar protagonismo y están muy presentes en las estrategias de crecimiento empresarial sostenible. Además, es imprescindible para la consecución de esos ODS.

Como es lógico, las empresas buscan obtener beneficios financieros facilitando y produciendo bienes, servicios y ofertando trabajo a personas. Digamos que conectan la naturaleza y sus materias primas, así como la energía que se necesita para extraer estos recursos, con la sociedad. La responsabilidad social empresarial (RSE) define y propone cómo llevar a cabo esta relación de forma ética.

Las empresas son fundamentales para lograr que esos ODS se cumplan en 2030, consiguiendo vislumbrar un futuro sostenible ante un planeta que se somete a graves problemas como el cambio climático, el deterioro medioambiental y los desequilibrios demográficos.

Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), para cubrir los diecisiete ODS en 2030 el sector público y el privado deben invertir en todo el mundo entre 1,7 y 3,4 billones de euros. Los beneficios de esta enorme inversión apuntan alto: de cumplirse los ODS, se estima que se pueden generar más de trescientos ochenta millones de puestos de trabajo en todo el planeta. Esto solo se puede lograr con un tejido empresarial implicado en la sostenibilidad.

¿Cómo podemos ser más sostenibles? La reducción de gases de efecto invernadero siempre ha estado en primer lugar para mitigar el cambio climático, y a ello se une la famosa huella de carbono, el parámetro universalmente usado desde la década de 1990 para evaluar la emisión de gases.

No obstante, en las últimas décadas ha habido otro índice que se ha ganado un puesto entre los más destacados en la planificación de la sostenibilidad: la huella hídrica. O lo que es lo mismo, el resultado del cálculo de toda el agua utilizada en la cadena de suministro de un producto o servicio.

 

«La Covid-19 ha acelerado aún más la necesidad de las empresas de alcanzar la rentabilidad social, más allá de la financiera. En Congeo podemos ayudarte a gestionar este tipo de recursos y a analizar tus huellas hídrica y de carbono»

 

La huella hídrica incluye no solo el agua incorporada a los productos o servicios en sí mismos, sino también la que se ha contaminado, la devuelta a otra cuenca o al mar e incluso la evaporada en todos los procesos.

Las compañías líderes están siendo conscientes de que, al igual que la huella de carbono, deben incluir la huella hídrica en sus estrategias. Y reconocen cada vez más que los enfoques tradicionales para la gestión del agua ya no son suficientes. Es importante evaluar la huella hídrica de las empresas para poder desarrollar una estrategia de agua eficiente.

No hay que olvidar que vivimos en un mundo plenamente amenazado por los desequilibrios en el acceso al agua. Además, hay muchas dudas de que se logre el tratamiento adecuado de todas las aguas residuales. Actualmente solo se tratan el veinte por ciento de estas.

Pese a que en las últimas décadas la preocupación por el agua se ha hecho más patente, lo cierto es que ya en la década de los 70 algunas compañías mostraron su preocupación cuando los niveles de contaminación y el estrés hídrico se hicieron patentes en el mundo.

El sector turístico ha sido uno de los que se han adaptado mejor. No en vano, ha liderado el cambio hacia esa necesaria concienciación sobre la sostenibilidad y la economía verde, como podemos leer en este reportaje de We are water Foundation. Otro sector como el de la construcción –arquitectos, urbanistas y constructores de complejos turísticos– también se ha puesto manos a la obra para lograr edificios de descarga cero de agua y autónomos energéticamente.

La creación de la cultura de la sostenibilidad depende mucho de la gestión del agua. Un caso ejemplar es la iniciativa Hagamos un trato (Let’s Make a Deal), impulsada por la Fundación We Are Water, que fue asumida de forma pionera en 2018 por Diamond Resorts.

Son solo algunas experiencias que hablan de la importancia de añadir a la estrategias sostenibles de las empresas el uso del agua y la huella hídrica junto al cálculo de la huella de carbono, así como otros factores relacionados.

Con una buena estrategia de huella hídrica podemos no solo ahorrar agua, sino también anticipar requisitos administrativos, mejorar la eficiencia, detectar puntos críticos de estrés hídrico o contaminación y, en consecuencia, fomentar el liderazgo y el valor de la marca entre sus clientes, proveedores y colaboradores. Es decir, lograr beneficios tanto financieros como medioambientales.

La Covid-19 ha acelerado aún más la necesidad de las empresas de alcanzar la rentabilidad social, más allá de la financiera. En Congeo podemos ayudarte a gestionar este tipo de recursos y a analizar tus huellas hídrica y de carbono. Los ciudadanos y la sociedad están cambiando y cuanto antes cambie tu empresa, mejor. ¿Nos dejas que te ayudemos?

 

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