¿Qué es el valor compartido?

La aceptación por parte de la sociedad de los proyectos mineros e industriales ha disminuido de forma muy notable en las últimas décadas. Es una tendencia a nivel global que tiene que ver con la evolución de las necesidades e intereses sociales, donde lo medioambiental y lo ecológico han ido adquiriendo un valor cada vez más relevante que se asocia con el respeto de los derechos humanos. Una derivada es la creciente conflictividad socio-ambiental. Superar esa conflictividad significa integrar el desarrollo económico, social y productivo con los derechos ciudadanos, ambientales y culturales, lo que requiere el desarrollo de nuevos enfoques y mecanismos de diálogo para crear visiones conjuntas de desarrollo social y ambientalmente sostenible, donde se integren los intereses de todas las partes interesadas. Entre estos nuevos enfoques se encuentra el de creación de valor compartido (CVC), que va más allá del concepto de responsabilidad social corporativa (RSC).

La responsabilidad social corporativa (RSC) es una estrategia empresarial que puede aportar a las marcas un punto de vista sostenible y social a la hora de cumplir sus objetivos de negocio. Sin embargo, nos ha surgido una duda: pensar si es suficiente con la RSC. Así hemos llegado a la creación de valor compartido (CVC), que va un paso más allá. ¡Te lo contamos!

Corría el año 2011 cuando Michael Porter y Mark Kramer, de la Harvard Business School, publicaron un artículo sobre la creación del valor compartido. En él hacen una crítica furibunda a la RSC al tildar esta de ser un conjunto de acciones de marketing que las empresas realizan de forma esporádica. Ellos propusieron entonces un nuevo enfoque: la creación del valor compartido. Esto no es más que hacer que los valores sociales y sostenibles sean el corazón de las marcas y no solo acciones aisladas.

Empecemos desarrollando el concepto. ¿Qué es la CVC? Digamos que se trata de una estrategia para las empresas que consiste en vincular el progreso económico empresarial con el desarrollo de la sociedad. Por otro lado, hace que estos negocios –junto a las comunidades donde trabajan para cumplir sus objetivos– conduzcan sus actividades a un incremento importante de los niveles de innovación y a un aumento sustancial y progresivo del rendimiento en la economía global. Así lo indica el artículo titulado La creación de valor compartido: estrategia de sostenibilidad y desarrollo empresarial, publicado por Nelson Díaz Cáceres, de la Universidad EAN (2015).

Volviendo a Porter y Kramer, ellos definen la creación de valor compartido como «las políticas y prácticas operacionales que aumentan la competitividad de una empresa, mientras simultáneamente mejoran las condiciones sociales y económicas de las comunidades en las cuales opera».

 

«¿Qué es la CVC? Se trata de una estrategia para las empresas que consiste en vincular el progreso económico empresarial con el desarrollo de la sociedad»

 

Estos dos estudiosos tienen la firme convicción de pensar que las empresas que están dispuestas a crear un determinado valor social y ambiental no van a ver perjudicados sus valores económicos y financieros. Todo lo contrario. Veámoslo con un par de ejemplos. Si una empresa decide instalar paneles solares en su edificio, por un lado consigue reducir los impactos que recibe el medio ambiente al apostar por energías limpias, pero por otro también puede ahorrarse el coste económico de esa fuente energética.

En otro ejemplo vemos cómo tomar la decisión de ofrecer sueldos dignos y contratos estables para los trabajadores puede suponer un efecto motivador en la plantilla e incrementar la productividad de la empresa. ¿Y favorecer la integración de las mujeres en el mundo laboral apostando por la igualdad de condiciones? Son solo algunos casos que muestran cómo no está reñida la búsqueda de la creación de valor social con el económico. Así se detalla en El propósito de las empresas, publicado en el número 74 de la revista Alternativas Económicas.

Son muchos los expertos que opinan que no hay que hablar de empresas socialmente responsables, sino de empresas sostenibles. Aquí entra en juego el modelo de la economía del bien común. Un modelo nacido entre Alemania y Austria en 2010 gracias al activista social Attac y al profesor universitario Christian Felber.

Este modelo trata de aplicar a cualquier tipo de organización el balance del bien común. Esto consiste en medir la creación del valor social y ambiental gracias a una matriz que relaciona los cuatro valores del bien común –dignidad humana, solidaridad y justicia social, sostenibilidad ecológica y transparencia y codecisión– con cinco grupos de interés –proveedores, propietarios y financiadores, personas empleadas, clientes y entorno social–.

Una matriz que ofrece un completo plan de mejora para que las empresas puedan introducir medidas que consigan mejorar su capacidad para crear los tres valores de la sostenibilidad: económico, social y ambiental. En el libro El modelo de la economía del bien común. Aplicación en la empresa/organización y casos prácticos, publicado en 2018 por la Cátedra de Economía del Bien Común de la Universitat de València, se pueden ver diferentes casos de empresas del bien común.

Este modelo sirve de guía para buscar una evolución del concepto de la RSE hacia la sostenibilidad, dando prioridad a los valores éticos y humanos de las empresas y favoreciendo el bien común ante el afán de lucro o la cooperación ante la competencia.

Para buscar el éxito en ese círculo virtuoso empresa-sociedad que mencionan en su definición Porter y Kramer, es necesario que haya líderes que desarrollen competencias y nuevas formas de conocimiento, así como tener en mayor consideración las necesidades y los desafíos a los que se enfrenta la sociedad. Además de todo esto, conviene tener en cuenta estas claves:

 

  • Demostrar un comportamiento responsable, garantizando el cumplimiento y la sustentabilidad del proceso productivo.
  • Entregar valor a los proveedores y trabajadores que componen el negocio, además de fortalecer las relaciones con la sociedad civil.
  • Examinar los canales de participación junto a la sociedad y realizar inversiones a largo plazo que beneficien tanto a las comunidades como a los accionistas de la compañía.

 

Preservar el medio ambiente como base del negocio en décadas venideras. Es necesario entender que el futuro de cada empresa está estrechamente unido al futuro del planeta.

 

Fuente: M. E. Porter & M. R. Kramer, La creación de valor compartido.

 

Para conseguir todo esto, es importante que la empresa identifique y elija en qué aspectos sociales se va a enfocar. Posteriormente crear una agenda social corporativa, integrar las prácticas de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro, y crear una dimensión social para su propuesta de valor. Para que nos hagamos una idea, una empresa no debe preguntarse si una determinada causa vale o no la pena; debe ver si esta puede representar una oportunidad para crear valor a ambas partes.

 

¿Qué te ha parecido el artículo? ¿Apuestas por la creación del valor compartido? Da un paso más en tu estrategia empresarial y cambia la RSC por la CVC. Si te ha gustado el artículo estaremos encantados de que lo compartas en tus redes sociales.

En Congeo estamos comprometidos con la sostenibilidad y nuestro objetivo es que las empresas, las administraciones públicas y la sociedad en general maximicen el valor intrínseco de los recursos naturales. Con nosotros tienes a tu disposición una consultoría estratégica en geología y medio ambiente.
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