Agua y minería, ¿una relación complicada?

La minería es un sector que juega en multitud de ocasiones un papel con sensaciones opuestas. Una relación de amor y odio a partes prácticamente iguales. Sin embargo, es una realidad que más allá de las sensaciones que genere es fundamental para nuestro día a día, ya que nos abastecemos de los recursos mineros desde que despertamos hasta que nos vamos a dormir. Uno de los argumentos más utilizados por aquellos que se sitúan en contra de la minería es el uso del agua en un ámbito ambiental y contaminante. ¿Qué relación tienen el agua y la minería? Difícil, complicada, pero no imposible. Te lo contamos en este artículo.

El papel que juega el agua en las operaciones mineras es crucial, al ser un recurso involucrado en multitud de procesos intermedios. Es un elemento principal tanto por su presencia inconveniente en labores subterráneas como por su necesidad imperiosa en los procesos de concentración mineral y metalúrgicos o en los procesos de flotación y refrigeración. Por si fuese poco, en todos los casos existe, además, la necesidad de gestionar los caudales excedentes, muchas veces con altos contenidos en metales, sales y otros compuestos arrastrados y disueltos, lo que ha supuesto un verdadero desafío en distintas explotaciones y plantas industriales. Es lo que nos cuenta el informe titulado Uso sostenible del agua en la minería (2019) elaborado por Cetaqua y las entidades asociadas a EsAgua.

El impacto de la minería en el agua puede darse en las alteraciones en la dinámica fluvial, en la pérdida de masas de agua, en las alteraciones en el régimen hidrogeológico, en la contaminación por metales pesados y metaloides y en las variaciones del pH por el drenaje ácido de la mina, entre otros. Es evidente, por tanto, que esta actividad, si no se lleva ningún tipo de control, puede generar graves efectos de contaminación.

 

«Indicadores como la huella hídrica y huella de agua, aplicados en ámbito local y específico, son una herramienta clave para monitorizar el uso del agua y la sostenibilidad en cada espacio minero»

 

El caso del río Tsolum en Canadá

Xavi Durán Ramírez, responsable de prensa en la Agencia Catalana del Agua, expone en su blog iAgua el caso de los efectos de la minería en el río canadiense Tsolum. Siendo Canadá una de las mayores potencias mineras del planeta, no es de extrañar que nos traslademos allí para contaros este ejemplo. A raíz de la actividad minera en el Monte Washington, donde se extrajo cobre en una mina a cielo abierto entre 1964 y 1994, las consecuencias fueron devastadoras. El Gobierno de Canadá tuvo que meter mano en el asunto y financiar varias iniciativas que nacieron a raíz de esta problemática. Todas estas actuaciones han conseguido que poco a poco la calidad del río vuelva a recuperarse, aunque el proceso sea muy lento. Esto nos indica que posiblemente sea una pérdida tanto de tiempo como de recursos dejarlo todo a las tareas de recuperación de los ecosistemas contaminados.

Reaccionar cuando ya se ha producido la alteración no es suficiente. Cada empresa minera, cualquiera que sea su tamaño, deberá tener un plan efectivo de gestión del agua dentro de su área minera. Un claro ejemplo lo vemos en Chile, donde la compañía minera Sierra Gorda SCM utiliza agua de mar recuperada para optimizar el uso de recursos, así como el monitoreo en línea del material extraído.

 

«Cada mina es diferente y tiene unas características propias en función de su geología, hidrología, clima, etcétera, por lo que se debe evaluar adecuadamente cada caso concreto»

 

Uso del agua en operaciones mineras

El clima, la geografía y la geología son los tres factores clave que dictan los distintos retos asociados al uso del agua en la minería. Por un lado, los tres condicionan las características hidrológicas en el área minera. Y por otro, la geología es la que determina el método de minería y procesado y la cantidad y calidad de los residuos mineros.

Uno de los mayores riesgos, si no el mayor, en cuanto a impactos ambientales a corto y largo plazo –incluido el postcierre– es el del agua residual de las minas, ya que puede hacer que los ríos receptores superen los estándares o normas de calidad ambiental si no se aplican medidas preventivas (gestión adecuada de los residuos mineros) o correctivas (tratamiento), siendo preferentes las primeras respecto a las segundas. En casos extremos y para algún tipo de yacimiento, las aguas mineras pueden llegar a ser muy tóxicas. Empresas y gobiernos hacen un gran esfuerzo en la protección de los recursos naturales ante una posible contaminación de las aguas. Las soluciones holísticas para maximizar la recirculación de efluentes y minimizar el riesgo para todos los agentes implicados se hacen muy necesarias.

En este sentido, el sector minero apuesta cada vez más fuerte por los estudios holísticos, sistémicos y de detalle sobre los balances hídricos. De la misma forma, indicadores como la huella hídrica y huella de agua, aplicados en ámbito local y específico, son una herramienta clave para monitorizar el uso del agua y la sostenibilidad en cada espacio minero. Cada mina es diferente y tiene unas características propias en función de su geología, hidrología, clima, etcétera, por lo que se debe evaluar adecuadamente cada caso concreto.

Aquí podéis ver el documento Uso sostenible del agua en la minería, de EsAgua.

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